Tarde o temprano todos vamos a necesitar funciones de accesibilidad e inclusión en nuestros dispositivos digitales

La Organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial estiman que hoy en día hay mil millones de personas con alguna discapacidad en el planeta. Lo cierto es que esta cifra puede inducir a error, ya que se refiere principalmente a aquellas personas que tienen lo que se conoce como una discapacidad “tradicional” o grave. Actualmente, es necesario revisar esas cifras y contextualizarlas en el marco de una población envejecida y consideramos que es un asunto que todos debemos tener en cuenta: se trata de los que ya son “discapacitados” y aquellos que aún no lo son. De hecho, éste precisamente es uno de los descubrimientos del reciente informe analítico con el título: “Digitising the Disabled Billion – Accessibility Gets Personal” (“Digitalizar a los mil millones de discapacitados – La accesibilidad se personaliza”). El hecho de que la edad funcione como una bomba de relojería, además de la discapacidad temporal en nuestro día a día, ha resultado en un tema cada vez más recurrente. Los medios de comunicación, empresas, sector educativo, administraciones públicas y servicios sociales (ONG) tienen que asumir la responsabilidad de asegurar que todo el mundo disfrute de una vida digital plena más allá de sus (dis)capacidades, ya que la tecnología digital ha cambiado la manera en la que vivimos, nos comunicamos, consumimos, producimos y compartimos servicios e información. Accesibilidad-digital Robert Sinclair (Director de Accesibilidad de Microsoft) lo explica de la siguiente manera: el objetivo de la compañía en este ámbito es hacer posible el conocimiento del potencial de las personas, con independencia de su edad o capacidad, con el objetivo de mejorar sus experiencias en la vida digital. IBM va más allá con su compromiso para diseñar y ofrecer soluciones humanas que personalicen la experiencia para que todo el mundo tenga igual acceso a las oportunidades que ofrece la tecnología a través de la innovación. No cabe duda de que en Telefónica estamos convencidos de que la tecnología debería de estar disponible para todas las personas, empresas y administraciones públicas. Fundamentalmente la tecnología de la que hoy disponemos permite sustituir las capacidades sensoriales perdidas de una persona con discapacidad. Esta sustitución sensorial tanto para entrada/salida (aportaciones/ resultados) de una persona con discapacidad. Los servicios en estos dispositivos, junto con las aportaciones de servicios móviles y un entorno más inteligente, permiten a la gente comunicarse en consonancia con sus limitaciones así como interactuar en el mundo digital que les rodea. Todo esto está muy bien, pero con miles de dispositivos y servicios de los que disponemos en el mercado, ¿por dónde empezar a buscar el producto adecuado para atender una necesidad específica? ¿No sería genial si alguien tuviera la idea de recopilar una lista de dispositivos inclusivos y elementos de accesibilidad?. Pues bien, alguien lo ha hecho. Se llama GARI (Global Accesibility Reporting Initiative), una base de datos que reúne las últimas tendencias en teléfonos especiales, no solo para gente con discapacidad, sino que también ayuda a los consumidores a encontrar el dispositivo con los elementos de accesibilidad que funcionan mejor para ellos. Puede ser algo tan sencillo como ajustar la luz del contraste o necesitar la función de voz mientras se conduce. Esta “tecnología accesible” está cambiando gradualmente la manera en la que está siendo concebida, de ser una tecnología específica a ser parte de un diseño universal. En última instancia, las capacidades humanas deben de ser consideradas junto con las limitaciones situacionales para crear experiencias útiles en el mundo móvil moderno ya que al fin y al cabo, las experiencias centradas en las personas serán la clave para liberar el potencial de cada persona. Enlace:blogthinkbig.com